El flujo luminoso emitido por una luminaria se mide en lúmenes (lm) y es un indicador de la cantidad de luz emitida por una fuente de luz, en el caso de iluminación, por una lámpara.

Este flujo luminoso es el que va a proporcionar la iluminación requerida en una zona, que depende de varios factores.

 

Flujo luminoso e iluminación útil

Para poder determinar cuántas luminarias hay que instalar en un local y el flujo luminoso que ha de proporcionar cada una de ellas, para alcanzar el nivel de iluminación requerido (lux) se utilizan diferentes métodos.

El nivel de iluminación depende de la luminaria y lámpara utilizada (que emite un cierto nivel de flujo luminoso) pero también de las condiciones del local a iluminar. La iluminación útil vendrá determinada, entre otros factores, por la forma del local, su color (paredes, techos y suelos) o los elementos colocados en el interior.

Además de las condiciones del local, la iluminación útil será función de la forma de la luminaria y del tipo de iluminación usada, por ejemplo, se pueden usar sistemas de iluminación directa o indirecta, usando la reflexión de la luz en paredes, mamparas o cualquier otro elemento.

 

Flujo luminoso y eficiencia energética

La potencia eléctrica necesaria para conseguir un lúmen (lm), determina el nivel de eficiencia energética del sistema de iluminación, ya que podemos calcular los lum/W emitidos por la lámpara. Este término es conocido como eficacia luminosa, y permite clasificar los tipos de lámparas por su eficiencia energética.

Serán mejores, a nivel energético, todas las lámparas que emitan los mismos lúmenes con menor requerimiento de potencia eléctrica. Este criterio es fundamental a la hora de elegir un sistema de iluminación, pero además deben de considerarse otros aspectos a la hora de calcular el coste total del sistema de iluminación: vida útil de las luminarias, costes de mantenimiento, coste inicial de la instalación etc.

Los sistemas de iluminación LED presentan valores de flujo luminoso muy elevado para cada unidad de energía eléctrica consumida, y, además, elevada vida útil, lo que hace que el coste total de sistema de alumbrado sea bajo en comparación con cualquier otra tecnología, teniendo en cuenta toda la vida útil de la instalación.

 

El flujo luminoso y su depreciación

A medida que avanza una lámpara es utilizada, se produce una depreciación en su flujo luminoso, como consecuencia del envejecimiento de la misma.

Este fenómeno es importante ya que, al cabo de un tiempo desde la instalación del sistema de iluminación, los niveles lumínicos pueden ser menores a los requeridos y deseados. En sistemas de iluminación convencionales (fluorescencia, incandescencia…) no existía forma de compensar esta depreciación. En el caso de la iluminación LED, al estar alimentada y controlada mediante sistemas electrónicos, se incorpora normalmente un sistema de control de depreciación de flujo lumínico.

Estos sistemas permiten garantizar que durante toda la vida de la instalación los niveles de iluminación son adecuados ya que, regulan la intensidad eléctrica con que se alimenta el sistema LED de modo que la van aumentando a medida que la lámpara envejece y se deprecia su flujo, logrando un nivel uniforme en toda la vida de la instalación.

Además de los beneficios para los usuarios a nivel de confort y seguridad, se obtienen otras importantes ventajas, tales como la reducción del número de reposiciones y la necesidad de sustituir las lámparas antes de que se hayan estropeado. Esto sucede con lámparas de tecnologías convencionales, ya que, al disminuir el flujo luminoso útil, hay que instalar una nueva lámpara antes de que se estropee.

A nivel de eficiencia energética y ahorro este aspecto también es muy importante, porque si una lámpara no tiene un sistema de control de depreciación del flujo luminoso, nos veremos obligados a instalar equipos de mayor potencia para conseguir que, en las últimas etapas de la vida útil de la luminaria, esta siga emitiendo un flujo luminoso suficiente.

 

Manual gratuito Iluminación eficiente