El calor residual es el calor contenido en los productos y subproductos de un proceso, que eleva su temperatura a niveles mayores de los adecuados para su emisión o almacenaje. Este calor puede ser aprovechado de modo que se cumplan dos objetivos simultáneamente:
El calor residual en los efluentes de los procesos industriales supone una importante pérdida de energía térmica en la industria. El aprovechamiento de este calor aumenta significativamente la eficiencia energética de los equipos y la eficiencia global de la planta.
Cuanto mayor sea la temperatura de la fuente de calor residual, mayor será la capacidad de aprovechamiento de este calor.
En general, en una planta, los equipos susceptibles de ser mejorados con medidas de recuperación de calor residual son múltiples:
Las líneas de aprovechamiento de calor residual son fundamentalmente dos:
Recuperación del calor residual de gases de combustión. Aproximadamente, una disminución de 20ºC en la temperatura de emisión de estos gases implica un aumento del rendimiento energético de una caldera de un 1%. Dado que los gases de combustión salen muy calientes, la posible reducción de la temperatura es grande, alcanzándose ahorros significativos.
Recuperación del calor residual de otros fluidos. En este punto se incluye el aprovechamiento del calor de aguas residuales calientes procedentes de procesos de refrigeración de equipos. Las posibilidades de aprovechamiento son menores, y las temperaturas son mucho menores que en el caso de gases de combustión.
Son los equipos diseñados para la recuperación del calor residual de los gases de combustión.
Básicamente se pueden dividir en dos tipos:
Calentador de aire
Es un equipo auxiliar importante en calderas y hornos industriales y funciona recuperando el calor sensible de los gases de salida, tanto para reutilizarlo en el propio equipo, como para llevarlo a otra zona de la planta.
El precalentamiento del aire produce los siguientes efectos:
En el proceso de combustión, el azufre contenido en el combustible se oxida a SO2, que puede oxidarse aún más hasta SO3. El trióxido de azufre tiene gran tendencia a combinarse con agua para formar ácido sulfúrico, que permanece disuelto en el agua, con gran poder corrosivo.
Si la temperatura desciende demasiado, se puede alcanzar el punto de rocío de esta disolución, condensándose gotas de concentración alta, debido al equilibrio.
El fenómeno del rocío ácido hace necesario llegar a un valor óptimo de la reducción de la temperatura de los gases, equilibrando el ahorro energético que supone recuperar más calor, con el gasto consecuencia de reducir la vida útil de los tubos por corrosión.
Calor sensible es el calor que se emplea en variar la temperatura de un cuerpo, en este caso agua o fluido térmico. Está relacionado con el calor específico, que en caso del agua líquida es de 1kcal/kg ºC.
Calor latente es el calor empleado en producir un cambio de estado en un cuerpo, como por ejemplo la vaporización del agua, cuyo calor latente de vaporización/condensación es de 540kcal/kg (a 100ºC).
Elevan la temperatura del agua que alimenta la caldera obteniendo un ahorro de combustible en el hogar.
Están compuestos, básicamente, por un haz de tubos agrupados convenientemente, por el interior de los cuales circula el agua a calentar, mientras que los gases de combustión bañan la superficie exterior.
Los tubos tienen cuatro conformaciones fundamentales, que los hacen aptos para una u otra función:

Para evitar el fenómeno del rocío ácido, se debe operar con las siguientes temperaturas mínimas:
| Temperaturas mínimas del agua y los gases para distintos tubos | |||
| Tipo de tubo | Temperatura min. gases | Temperatura min. agua | |
| Tubos de acero (AESS, AA) | 160-170ºC | 120-130ºC | |
| Tubos recubiertos de hierro (F, AF) | 150-160ºC | 70-80ºC | |

En estos sistemas, el calor no fluye desde los gases al agua directamente, sino que se utiliza un fluido portador que transfiere el calor de uno a otro.
Son muy indicados cuando, por la localización física de los dos fluidos frío y caliente, no es posible un contacto directo entre ellos. Un adecuado aislamiento de tubería y una bomba son suficientes para transportar el calor residual salvando grandes distancias.
El fluido portador será agua siempre que las condiciones de operación lo permitan (menos de 200ºC, ya que mayores temperaturas implican una presión difícil de mantener). Cuando no sea así se empleará un aceite térmico.
Los tubos utilizados para el intercambio son AF, en el caso de que el combustible contenga azufre, y AA, si está exento de él.

Los gases procedentes de secaderos salen a alta temperatura y portando un alto grado de humedad en estado de vapor, de modo que de ellos se puede recuperar tanto calor sensible como calor latente de condensación.
El intercambio se puede llevar a cabo de dos formas:
En ambos casos se necesita un sistema de recogida del agua condensada.
Un tubo térmico es el conjunto de dos tubos concéntricos sellados, de forma que el fluido que contiene en su interior no puede salir de él. Este fluido portador es llevado de un extremo a otro por efecto de la capilaridad, y puede ser tanto agua, como fluidos orgánicos, incluso metales como mercurio o sodio para aplicaciones especiales.
Si se suministra calor en un extremo, el fluido portador se evapora y pasa a la parte central del tubo por capilaridad, fluyendo después por efecto de la presión hacia el otro extremo, donde condensa cediendo su calor latente a otro fluido, para volver por último al espacio entre tubos por capilaridad.
Por lo tanto, los bancos de tubos térmicos se han de colocar con un extremo en el foco caliente (gas de combustión) y otro en el foco frío (agua o aire a calentar).

Existen numerosos tipos de calentadores, que pueden trabajar en distintos rangos de temperatura:


Los gases de salida de los hornos se pueden recircular en contracorriente de modo que precalienten el producto en una cámara de precalentamiento, recuperándose su calor sensible en mayor medida antes de escapar por chimenea.

Sirve para recuperar el calor de aguas calientes procedentes de procesos de refrigeración. Las temperaturas no suelen superar los 55ºC-65ºC, así que la recuperación para uso industrial no es muy relevante, siendo su principal aplicación la producción de agua caliente sanitaria.
Información complementaria: ver Fichas Hornos eléctricos, Hornos de gas, Secaderos industriales y Catálogo Recuperación del calor residual
Son calderas en las que no existe cámara de combustión, puesto que todo el calor transferido al agua proviene de los gases de combustión de otro equipo como puede ser un horno.
Estos gases tienen una temperatura menor que la que tendrían los producidos en el propio equipo, por lo que la transmisión de calor por convección toma más peso que la de radiación. Para que la convección sea buena se necesita una mezcla íntima entre las moléculas del gas.
La convección adecuada se garantiza mediante una circulación del gas en régimen turbulento. Esto se consigue de distintas formas dependiendo del tipo de caldera:
El agua puede circular de forma natural o por convección forzada, lo que permite utilizar tubos de menor diámetro y espesor.
La utilización de estas calderas de recuperación tiene una serie de ventajas importantes, entre las que se pueden citar:
Sin embargo, las calderas de recuperación también tienen algunas desventajas: