Apuesta en verde por un sistema de gestión medioambiental

Eficiencia energética

Certificar que una empresa respeta el medio ambiente y además es eficiente energéticamente hablando, se ha convertido en una máxima para cualquier empresario. Estar en armonía con el medioambiente ya no es tanto una ‘moda’, sino un ‘deber’ que marca la agenda de empresas, organizaciones e instituciones. Para ello, lo mejor es la obtención (y mantenimiento) de un Sistema de Gestión Medioambiental certificado por la norma internacional ISO 14001, la europea EMAS o la española UNE 216301, todas ellas compatibles entre sí.

Pionera, y por tanto la herramienta de gestión del Medio Ambiente más extendida del mundo, la norma ISO 14001 fue creada en los años 90 ante la necesidad de tener un indicador universal que valorara los esfuerzos por lograr una protección ambiental adecuada. Hoy en día existen más de 155.000 certificados según esta norma, de los que muchos pertenecen a organismos españoles. De hecho, España puede presumir de ser el primer país de Europa y tercero del mundo por número de certificados.

Sólo AENOR (Asociación Española de Normalización y Certificación) ha emitido más de 5.000 certificados de gestión ambiental según la norma internacional ISO 14001. “Las empresas e instituciones españolas están cada vez más concienciadas por reducir los impactos de su actividad en el entorno. Estos certificados se han convertido en una herramienta muy eficaz a la hora de compatibilizar los objetivos económicos con el desarrollo sostenible”, explica un portavoz de AENOR.

Actualmente el sector Servicios y el de la Construcción son los que más certificados acumulan. “De los 5000 sellos ISO 14001, un 28% los recibieron empresas del sector servicios y alrededor del 20% de la construcción. Les siguen Química y petróleo, y Automoción con el 8%, respectivamente”, especifican desde AENOR.

Emilio Luján, Auditor Jefe de Sistemas de Gestión Medioambiental de European Quality Assurance (EQA) ve un claro cambio respecto a los primeros clientes que demandaban estos certificados. “En etapas iniciales, el perfil de la empresa que demandaba estas certificaciones eran grandes multinacionales industriales y toda su cadena de proveedores”, -explica Luján-, “a día de hoy, la empresas, -sin importar tamaño ni alcance de actividad-, se están dando cuenta de que el Medio Ambiente no es sólo un argumento de venta más, sino una opción: estar dentro de la legalidad o fuera, apostar por un crecimiento sostenible que asegure la disponibilidad de recursos o acabar con su horizonte de futuro, tener una responsabilidad social con sus clientes o no tenerla”.

Tras la emisión del certificado, que implica el compromiso de todo el personal, se deben mantener unos niveles mínimos de exigencia establecidos en las normas. “El gran valor de la certificación es la apuesta por la mejora continua”, -explican desde AENOR-, “por lo que se realizan auditorías anuales de seguimiento y revisión para comprobar que se cumplen los requisitos fijados”.

De hecho, muchas organizaciones encuentran dificultades para emprender una mejora ambiental continua y adaptarse a nuevos requisitos legales. “Se trata de que la empresa tome conciencia de que no se trata de llegar a un nivel de desempeño ambiental, sino que este listón debe ir subiendo poco a poco para convertirse en una de las organizaciones más responsables con el medioambiente de su sector”, puntualiza Emilio Luján.

Por si la minimización del impacto ambiental derivados de la actividad de la organización, empresa o institución no fuera bastante, además los poseedores de estos certificados obtienen beneficios económicos por la optimización del consumo de materias primas, energía y agua, a lo que hay que añadir beneficios legales. “Cada vez más las Administraciones Públicas valoran las certificaciones ambientales para acceder a contratos”, -exponen desde AENOR, “es más, el Gobierno ha anunciado que las empresas con la certificación de Eficiencia Energética tendrán prioridad en la contratación pública”. Así, ésta es una de las 31 medidas aprobadas por el Plan de Ahorro y Eficiencia Energética 2008-2011 con el fin de reducir el impacto del nivel de dependencia que tiene la economía española de los combustibles fósiles.

En definitiva, estas normas, que ante todo deben ser prácticas, útiles y utilizables, se adaptan a las diferentes necesidades de cada organización pero con un mismo fin: reducir los efectos nocivos que el ser humano causa al medioambiente.

Cómo implantar con éxito un sistema de gestión energética

El primer paso que debe realizar cualquier organización es realizar un diagnóstico inicial de la situación de la que parte la entidad, para planificar de forma adecuada la implantación del sistema.

La organización debe determinar qué aspectos medioambientales son realmente significativos y, una vez identificados, se deben establecer unos objetivos comunes, pero alcanzables, que aseguren el compromiso del personal y sobre todo de la Dirección.

Una vez redactado, aprobado y distribuido un sistema documental que apoye el Sistema de Gestión Ambiental, es importante cumplir con la legislación y todos los compromisos ambientales adquiridos.

Además, el compromiso adquirido no debe quedar ahí, sino que se debe establecer un sistema de revisión que permita la mejora continua del comportamiento ambiental de la organización.

Sin ninguna duda, la clave del éxito está en las personas, y es en nosotros, en última instancia, en quien reside el éxito de la implantación y mantenimiento de un Sistema de Gestión energética.