Nuevas exigencias de eficiencia energética para calderas

Eficiencia energética

El pasado 26 de septiembre de 2015 entraron en vigor varias disposiciones de la Unión Europea relativas a las características de las calderas de calefacción y calefactores combinados (el 26 de septiembre de 2015 entró en vigor parte del Reglamento 813/2013 que desarrolla la Directiva 2009/125/CE).

Bajo este revuelo de fechas y normas europeas se esconde la obligación de utilizar calderas, o grupos térmicos, de un rendimiento más elevado, lo que redundará en una mayor eficiencia energética por parte de los usuarios de estos equipos.

En el ámbito industrial o terciario, con grupos térmicos de cierta entidad, las obligaciones que marca la normativa son muy exigentes. Para grupos térmicos de hasta 400 kW la eficiencia útil al 100% de la potencia calorífica nominal no podrá ser inferior al 86% y la eficiencia útil al 30% de la potencia calorífica nominal deberá ser superior al 94%.

Esto supone casi de forma automática que, actualmente para poder cumplir los requisitos  definidos por la normativa vigente, la elección se reduce a las calderas de condensación.

¿Qué es una caldera de condensación?

Las calderas de condensación son grupos térmicos de generación de calor, estancos y que aprovechan la energía almacenada en los gases de combustión, que en otro tipo de calderas se expulsa al exterior, y que eleva el rendimiento del equipo hasta valores cercanos al 110%.

¿Cómo puede ser un rendimiento energético superior al 100%?

Para comprender adecuadamente estos rendimientos es preciso que repasemos nuestros conocimientos de física.

Primero debemos recordar el concepto de Poder Calorífico. Aplicado a los combustibles que utilizan las calderas podríamos definirlo como aquella cantidad de calor que se produce en la combustión de una unidad de combustible.

Realmente se utilizan dos parámetros diferentes: el poder calorífico inferior (PCI) y el poder calorífico superior (PCS).

La diferencia entre uno y otro radica en que el PCI tiene en cuenta que en las calderas convencionales una parte del calor producido en la combustión se emite a la atmósfera a través de los gases de combustión en forma de vapor de agua. Esto es, los gases de combustión emitidos a más de 100 ºC se llevan también una parte del calor generado. Aproximadamente un 10%.

Los rendimientos se han establecido tradicionalmente respecto al PCI. Así que, cuando se han desarrollado las calderas de condensación, que son capaces de expulsar los gases de la combustión a temperaturas sensiblemente más reducidas (aproximadamente 70 ºC) siendo posible recuperar el calor latente del vapor de agua que se produce en la condensación del vapor en agua líquida, también se ha tenido como referencia el poder calorífico inferior.

De esta manera una caldera de condensación tendría el rendimiento de su homóloga convencional más el porcentaje recuperado por la condensación de los gases. De ahí los rendimientos superiores a 100.

Este 10% de energía recuperada se utiliza en el calentamiento del agua del circuito de retorno del equipo.

Calderas de condensación con gas natural

Hemos visto que las calderas de condensación presentan ventajas en cuanto al aprovechamiento de las propiedades del combustible utilizado mejorando la eficiencia energética de las instalaciones.

Cuando el combustible utilizado es gas natural además se consiguen mejoras medioambientales.

Las emisiones de dióxido de carbono se reducen un 25% respecto a combustibles derivados del petroleo y hasta un 40% respecto al carbón. También se minimizan las emisiones de óxidos de azufre y de nitrógeno, las cantidades de monóxido de carbono, de partículas solidas y de compuestos orgánicos volátiles.

Con la adecuada elección de nuestro equipo de generación de calor podremos no solo cumplir con la normativa vigente  sino además reducir la peligrosidad de las emisiones generadas.